Cuán ilusorio y engañoso puede ser El Tiempo. Cuando pensamos que lo tenemos atrapado y subyugado, se nos esfuma y escurre como el agua entre los dedos. Nada puede detener ni enclaustrar a esta dimensión silenciosa que transcurre inexorablemente y corroe todo lo que encuentra a su paso.
Nacemos y automáticamente comienza una cuenta regresiva que inevitablemente nos conducirá al final de nuestra existencia terrena. Mientras más años vivimos, menos nos quedan. Ésta, lejos de ser una visión negativa o pesimista, es simplemente el reflejo de una verdad que nos permite ver la vida desde una mejor perspectiva, ayudándonos a poner en orden nuestras prioridades y a distinguir lo importante de lo superfluo.
Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría».
Salmos 90:12
Cuando reconocemos nuestra condición temporal y la increíble fragilidad de nuestros cuerpos, comenzamos a valorar más las cosas trascendentales e invisibles que las materiales y efímeras. Entendemos que es insensato fundamentar nuestra felicidad en la juventud pasajera o en la belleza que se marchita. Caemos en cuenta que es más importante dejar un legado en las personas que una herencia en los bolsillos. En fin, añadimos más sabiduría y cordura a nuestro ser.
No se necesita pasar por una situación de vida o muerte para que empecemos a valorar e invertir más en las personas y en nuestras relaciones. No hace falta que atravesemos una situación límite para que nos decidamos a emprender los sueños que una vez fueron sembrados en nuestros corazones. Muchas personas, cuyos cuerpos yacen hoy en los cementerios, tenían planes para la semana que viene y proyectos para dentro de un año. Por tanto, es imperante dejar atrás el inalterable pasado y disfrutar del don del presente. Por eso lo llaman presente, porque es un regalo.
Mientras tengas vida, ¡Vive!
El tiempo es oro

«El Tiempo es Oro«. Esta es una de las comparaciones más injustas que he escuchado, y no lo digo a causa del oro, sino del tiempo. La verdad es que todo el oro del mundo no podría pagar una sola hora de vida. Ni los mejores médicos ni las más avanzadas tecnologías tienen el poder de impedir que se esfume el hálito de vida que nos sostiene. Y, lamentablemente, muchos llegan a esta conclusión cuando es demasiado tarde.
No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra».
Eclesiastés 8:8
Según el libro de Eclesiastés, “Es mejor estar en la casa de luto que en la casa de banquete, porque allí hay reflexión y el hombre entiende que este es el fin de todos los hombres” (a). Los momentos de duelo nos llevan a meditar y a admitir, aunque sea por instantes, que no somos tan fuertes como pensábamos y que no vale la pena perder tanto tiempo en angustias, preocupaciones, disensiones y vanas discusiones.
Hemos acompañado a innumerables familias en esos momentos de dolor y separación, y hemos visto como muchos se lamentan por los abrazos que no se dieron, las expresiones de amor que se negaron y el perdón que no se otorgó. Pero también hemos contemplado, con gozo y satisfacción, el contentamiento y la paz de quienes se dieron el permiso de amar y besar a sus seres queridos. Aquellos que, a pesar de lo vivido, pudieron perdonar y dejar atrás el pasado que los mantenía confinados en la cárcel del rencor y la amargura. Decidir no perdonar, es decidir sufrir. Cuando se perdona se deja libre a un prisionero, y ese prisionero podrías ser tú mismo.
«De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros».
Colosenses 3:13
¿Tan tonto fui?

Cuán doloroso sería tener que admitir que no hemos aprovechado las oportunidades de compartir con nuestros familiares y amigos, ignorando que los momentos son irrepetibles y que las personas no estarán siempre con nosotros, debido al transcurrir natural de la vida.
Cuántas veces nos hemos reunido alrededor de una mesa sin vernos a los ojos y sin disfrutar del momento, cautivos por lo atractivo y seductor de las redes sociales y los medios de comunicación. Al parecer no hemos entendido lo valioso que es nuestro tiempo; cosa que si han hecho los propietarios de los medios y por ello lo están monetizando.
Quién nos ha engatusado y engañado, de tal manera, que nos han convencido de intercambiar lo cálido de una conversación cercana y de las tiernas sonrisas, por lo frío y distante de unas pantallas de leds. Quién nos ha persuadido de canjear lo precioso de la vida por simples espejismos.
Necesitamos tener nuestros momentos de distracción y esparcimiento, pero es fundamental que le demos a cada cosa su justo valor y tiempo.
Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.».
Efesios 5:15-16
El tiempo propicio

Solemos dimensionar el tiempo en función de sus medidas físicas y cuantificables. Sin embargo, a partir de este punto quisiera que hablemos de él en función de sus ocasiones y oportunidades y para ello les hablaré del tiempo Kairos.
El Kairos nos habla del momento propicio, de la oportunidad, del momento en que las cosas «llegan a su punto crítico» (de modo que se pueda sacar el máximo provecho). Significa el tiempo adecuado y el momento correcto (b). Todo tiene su Kairos, «Todo tiene su momento oportuno; hay tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo» (c)
Pienso que ahora es el tiempo y el momento propicio para entrar a cuentas con nuestro Dios y Creador, y de comenzar a vivir aquello para lo cual nos ha creado. Es tiempo de creer y tener fe, porque podríamos gozar de una vida longeva y acumular cuantiosos bienes, pero si no llegamos a conocer a Aquel que nos creó y llamó con propósito, nuestro paso por esta tierra sería fútil. De nada nos serviría ganar todo el mundo si perdemos nuestra alma.
Estimados, todos tenemos una eternidad por delante, lo creamos o no, y en la vida no hay nada más importante que decidir donde la pasaremos. Por ello la escrituras dicen: «Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones» (d). Hoy es el día de decidirnos por Dios y por Jesucristo. Mañana podría ser tarde.
He aquí, ahora es EL TIEMPO PROPICIO; he aquí, ahora es EL DIA DE SALVACION.»
2 Corintios 6:2
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Citas: (a) Eclesiastés 7:2, (b) Concordancia Strong 2540: https://bibliaparalela.com/greek/2540.htm, (c) Eclesiastés 3:1, (d) Hebreos 3:15
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Gracias por tus comentarios. Dios es Bueno. A Él sea todo el honor y la gloria. Bendiciones
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Gracias por tus comentarios. El Señor es Bueno y de Él proceden todas las cosas. Muchas bendiciones
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Excelente reflexión Johnny!!! Gracias por siempre compartir tu sabiduría. Saludos
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Me ha gustado e impactado muchísimo, es impresionante toda la sabiduría que hay aquí, en éste conjunto de enriquecedores textos. Gracias por compartirlos.
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