La Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, además de declarar tremendas verdades y hermosos misterios, encierra invaluables tesoros espirituales en cada uno de sus libros y cartas. Cada capítulo y versículo de este maravilloso libro, aunque en primera instancia no pareciera guardar relación con nosotros, se puede convertir en una palabra viva y eficaz, que hable directamente a nuestros corazones y transforme nuestras vidas.
En este orden de ideas, quisiera compartirles un pasaje que, en apariencia, solo nos habla de la creación de los cielos y la tierra pero que, cuando lo visualizamos desde una perspectiva un poco más espiritual, nos damos cuenta de que esconde, entre sus líneas, las asombrosas similitudes que existen entre la historia del hombre y la de la tierra, de la cual fue tomado.
Sin más preámbulos, les invito a que nos sumerjamos en el primer capítulo de Génesis y nos adentremos en este apasionante tema.
De las tinieblas a su luz admirable

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz«.
Génesis 1:1-3
Ante todo, me gustaría tomar unas pocas líneas para clarificar que la tierra no fue creada en ese estado de desorden, desolación y vacuidad; sino que ella llegó a estar en esa condición. Esto lo podemos vislumbrar fácilmente cuando leemos estos primeros versículos del Génesis, en su lenguaje original o en otras versiones bíblicas. Por ejemplo, en la versión BTX dice: “Pero la tierra llegó a estar desolada y vacía” (b) y en la BTX (IV Edición) enuncia: «Pero la tierra se ha precipitado en caos y vacío« (c).
Este es un tópico bien interesante y espero tratarlo, a profundidad, en otra ocasión. Por ahora, deseo resaltar que Dios no creó la tierra desordenada ni vacía, sino que la hizo con el propósito de que fuese habitada. Él mismo estableció sus medidas y la fundó con sabiduría.
«Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó»
Isaías 45:18a
Ahora bien, el hombre, al igual que la tierra, no fue creado ni desordenado ni vacío, sino que fue formado con propósito. Dios lo creó a su imagen y semejanza, lo bendijo y le encargó que señorease sobre la tierra y ejerciese dominio sobre la creación. Sin embargo, el hombre cayó en una condición de muerte y desolación espiritual, a causa del pecado que entró en él.
El ser humano, sin la luz y la vida de Cristo, vaga sin rumbo y sin esperanza, sumido en un profundo sentimiento de desolación y vacuidad. Y, aunque constantemente pretende llenar sus vacíos con posesiones, actividades y deleites temporales, al final de la jornada, sus experiencias no pasan de ser triviales y carentes de sustancia. Nada ni nadie puede calmar la sed que hay en su alma. Esa sed y ese vacío solo puede ser llenado por Cristo. En Él, y sólo en Él, estamos completos.
Estimados, el Señor no desea que permanezcamos en esa condición de muerte y desesperanza, y así como en el principio el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas; en este tiempo, el Espíritu se sigue moviendo sobre las vidas de los hombres. Y así como en el principio Dios dijo: «Sea la luz, y fue la luz«, ahora, Dios se ha manifestado, en la persona de Jesucristo, como esa luz verdadera que vino al mundo y alumbra a todo hombre, y nos hace renacer para una esperanza viva.
Amados, solo Dios conoce y comprende la condición de caos y desorden en que puede estar sumida nuestra vida, y la difícil situación que podamos estar atravesando. Por lo tanto, Él Señor nos invita a que nos levantemos, sin importar cual sea nuestro estado, y nos acerquemos a Él para que alcancemos la paz y el reposo que nuestra alma anhela. Sólo en su luz, veremos la luz (d).
«Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz y la gloria del SEÑOR ha amanecido sobre ti.»
Isaías 60:1
Y vio Dios que la luz era buena
“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día”
Génesis 1:3-5.
Continuando con el relato del capítulo 1 de Génesis, vemos que lo primero que hizo Dios, después de ordenar que se hiciera la luz, fue comenzar a separar. Separó la luz de las tinieblas para crear el día y la noche, y las aguas de las aguas para crear la expansión de los cielos y los mares (e). Es muy interesante el significado de la palabra separar, porque nos habla de apartar y de hacer distinción.
Ahora bien, cuando la luz del Señor ilumina nuestros corazones, se comienza en nosotros todo un proceso de creación y separación. El Señor nos aparta para sí y nos consagra, es decir, nos santifica. Nuestras vidas están en sus manos y, como el barro en las manos del Alfarero, Dios va moldeando nuestros corazones y formando nuestro carácter, por medio de su Palabra y por la acción del Espíritu Santo.
Una vez que somos alumbrados por Cristo y experimentamos un nuevo nacimiento, nuestras vidas no podrán ser las mismas. El Espíritu de Dios nos ayudará a discernir y separar la luz de las tinieblas, lo bueno de lo malo, la justicia de la injusticia y lo espiritual de lo carnal. Dios comienza a poner orden donde antes imperaba el desorden.
“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo«
Filipenses 1:6
UNa obra de todos los Días

Si seguimos leyendo este primer capítulo del libro de Génesis, vemos que Dios no lo hizo todo en un solo día, sino que cada día fue realizando su obra maravillosa hasta que la perfeccionó y completó. En seis días acabó toda su obra y al séptimo día, reposó.
Si llevamos esta palabra a nuestras vidas, podemos entender que la obra de Dios es una labor del día a día, en la cual Él irá forjando un nuevo hombre, en nuestro interior, a través de su Palabra y de cada experiencia. Este es un proceso y una carrera de toda la vida, hasta que el Señor complete su obra en nosotros y el carácter de Cristo sea formado en nuestros corazones. De nuestra parte, nos toca perseverar en sus caminos y seguirle con un corazón sincero y una buena conciencia, creyendo en su Palabra y descansando en sus promesas.
Porque «Los que hemos creído entramos en el reposo» y «el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas»
Hebreos 4:3,10
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Citas: (a) Génesis 3:19, (b) Biblia Textual (BTX), (c) Biblia Textual (IV Edición 2018), (d) Salmos 36:9, (e) Génesis 1:3-8, (f) Génesis 1:11-13, (g) Génesis 1:14-19, (h) Génesis 1:20-23
Notas: La palabra vano, usada en Isaías 45:18, proviene del vocablo hebreo Tohu, el mismo que fue usado en Génesis 1:2 para describir la condición de la tierra. Dios no creó la tierra Tohu, en vano. Dios la creó para que fuese habitada.
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