A lo largo del tiempo las acepciones de muchas palabras han perdido su verdadera esencia y ya no reflejan la riqueza de su significado, y una de las víctimas de estas deformaciones ha sido la palabra «Fe«.
La fe es frecuentemente emparentada con las esperanzas huecas, el azar y las aspiraciones infundadas. Pero la realidad es que el vocablo fe envuelve convicción, certeza, seguridad, fidelidad, fundamento y conocimiento.
«Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve».
Hebreos 11:1
La fe guarda una estrecha relación con el conocimiento. Y, no nos referimos al conocimiento que se adquiere a través del ejercicio intelectual, sino de aquel que se obtiene por medio de la relación y el contacto con nuestro Dios y su Palabra. En este sentido, nuestra fe no se basa tanto en el conocimiento de algo, sino de alguien.
¿Cómo podríamos invocar u orar a aquel en quien no se ha creído? ¿Cómo se podría confiar en aquel que no se ha conocido?
Sin fe, no solo es difícil, sino que es imposible agradar a Dios, porque es necesario que todo aquel que se acerca a Él, crea existe (a), que es real y que es Poderoso para cumplir lo que ha prometido.
El apóstol Pablo, en su carta a Filemón, escribió: «… ruego que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz por el conocimiento de todo lo bueno que hay en vosotros mediante Cristo» (b). Es decir, nuestra fe se hace eficaz, opera y trabaja en la medida que nos hacemos conscientes del inmensurable amor con que Dios nos ha amado y de todo el bien que ha derramado sobre nosotros.
El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
Romanos 8:32
Creer en que Nuestro Dios es Poderoso

En una ocasión se acercó a Jesús un padre desesperado, quien veía como su hijo estaba cautivo bajo la influencia de un espíritu inmundo que había intentado destruirlo, echándole en el fuego o en el agua. Éste dijo a Jesús: «... si tú puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos» (c).
Algo que deseo resaltar, en esta sentencia, es que la frase: «si tú puedes hacer algo», no fue formulada con la intención de apelar, educadamente, a la voluntad de Jesús de sanar o no a su hijo; como quien pide algún favor. Este padre le estaba preguntando al Maestro si Él podía, si era capaz, si tenía el poder necesario de liberar a su hijo.
Ante tal interrogante, Jesús le respondió: «¿Cómo si tú puedes? Todas las cosas son posibles para el que cree. Al instante el padre del muchacho gritó y dijo: Creo; ayúdame en mi incredulidad» (d).
Estimados, el meollo del asunto no radica en que si Dios es Poderoso, si nos ama, si escucha nuestras oraciones o si tiene la capacidad de hacer algo por nosotros. El meollo está en que si nosotros podemos creer en sus promesas y confiar en su Persona.
Ahora bien, para profundizar un poco más en este punto, me gustaría traer a colación el ejemplo del patriarca Abraham. Aquel hombre conocido como amigo de Dios y padre de la fe. A Abraham se le dio la promesa de una descendencia grande y numerosa como las estrellas del cielo y la arena del mar. Él fue nombrado «padre de muchedumbres» (e), por Dios mismo, aun cuando él no tenía ni un solo hijo. Dios nombra las cosas que no son como si fueran.
Abraham creyó en la promesa de una gran descendencia, a pesar de que todas las probabilidades estaban en su contra. Por un lado, su cuerpo estaba envejecido, como muerto, puesto que tenía casi cien años y, por el otro, su esposa Sara era infértil. No obstante, Abraham no enfocó su mirada en sus imposibilidades físicas ni en sus limitaciones humanas. «Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia» (f).
Este mismo Abraham, por la fe, «cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos«(g).
Necesitamos creer y estar convencidos de que Dios es Fiel y Poderoso para cumplir sus promesas. Este parece un punto obvio e insignificante, pero la realidad es que es fundamental y determinante, ya que nuestra incredulidad suele erigirse como el mayor obstáculo para que Dios haga una obra en nuestras vidas.
La biblia Señala que cuando Jesús visitó Nazareth, aquella ciudad que le vio crecer, «no pudo hacer allí ningún milagro; sólo sanó a unos pocos enfermos sobre los cuales puso sus manos. Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos» (h). Nuevamente, la incredulidad fue el obstáculo que impidió que el pueblo pudiera ver las grandezas de Dios.
Mis amigos, en este día estoy convencido de que esa no va ser nuestra vivencia. «Nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma» (i). Somos de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas, y se mantienen firmes, en medio de las más impetuosas tormentas, confiando en un Dios Misericordioso, Fiel y Verdadero, que cumple sus promesas.
«Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él lo ha dicho, ¿y no lo hará? Ha hablado, ¿y no lo cumplirá?»
Números 23:19
Sostenido por una Palabra

No es casualidad que las palabras fe y fiel, provienen de la misma palabra en el original griego. Para nosotros, esto significa que nuestra fe no se fundamenta sobre las arenas movedizas de un deseo humano, sino sobre la roca firme de la Persona de Jesucristo, quien es descrito como el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero (j). En Él podemos depositar nuestras vidas, con toda confianza.
Estas máximas son las que nos mantienen y fortalecen en los tiempos de angustias, tribulaciones, e incluso cuando, por un momento determinado, no veamos el cumplimiento del propósito de Dios en nuestras vidas.
Mis amados, Dios nos conoce a cabalidad y entiende las circunstancias y experiencias que estamos atravesando. Sin embargo, el Espíritu, más allá de nuestras experiencias personales, nos insta a vivir por la fe que Dios ha depositado en nuestros corazones y a movernos en función de las promesas que Él nos ha dado.
«Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere no agradara a mi alma».
Hebreos 10:38
Todavía hay muchísimo que decir con respecto a la fe. Sin embargo, no quiero despedirme sin antes invitarte a que vivamos esta temporada de nuestra vida con la fe, la esperanza y la certeza de que el Dios Todopoderoso tiene cuidado de ti.
«Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí«
Gálatas 2:2
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Notas: (a) Hebreos 11:6, (b) Filemón 1:6, (c) Marcos 9:22, (d) Marcos 9:23, (e) Génesis 17:5, (f) Romanos 4:17, (g) Hebreos 11:17-20, (d) Marcos 6:5-6, (i) Hebreos 10:39, (j) Apocalipsis 3:14
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Paz en Cristo Jesús Dios les bendiga su ministerio!
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