Unas de las evidencias más palpables de que estamos vivos es la presencia constante de cambios y movimientos en nuestras vidas. En ese sentido, la curva de nuestra de existencia, lejos de parecerse a una línea recta y constante, se asemeja más a una gráfica irregular, compuesta por picos y valles, pendientes ascendentes y descendentes, y movimientos bruscos y suaves.
A medida que avanzamos en la línea del tiempo, atravesamos diferentes estaciones y experiencias que, por más difíciles o placenteras que nos parezcan, no dejarán de ser finitas y pasajeras; y cada una de ella pondrá a prueba nuestra fe y sacará a relucir lo que hay guardado en nuestro interior.
«Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación»
2 Corintios 4:17
Ahora bien, pienso que de cada temporada se puede extraer una gran enseñanza que redundará en nuestro crecimiento espiritual y personal, y creo firmemente que podemos salir airosos de cada prueba, por medio del amor y poder de Cristo Jesús. Sin embargo, también estoy convencido de que Dios se vale de cada batalla y cada desierto para poner al descubierto lo que hay en nuestros corazones, limpiarnos de toda escoria, forjar nuestro carácter y para mostrarnos su gloria en mayor dimensión. Y, de esos puntos, les hablaré a continuación.
¿Qué hay en nuestros Corazones?
A veces nos resulta más fácil confiar en Dios y en sus promesas cuando nos sentimos en las alturas y en las cumbres, es decir, cuando nos encontramos en una buena situación económica, gozamos de buena salud y pensamos que todo está bajo el marco de nuestras posibilidades. Pero esto no resulta tan evidente cuando atravesamos las épocas de pruebas y desiertos, de luchas y adversidades, de ausencias y pérdidas. O sea, cuando transitamos por esos valles de sombra en los que nos sentimos solos, desamparados, afanados y angustiados. Cuando pasamos por esos momentos en los que se multiplican los ¿Por qué? y no se logran comprender los ¿Para qué? ?
«Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos».
Deuteronomio 8:2

Solemos asociar a la palabra «prueba» con los periodos en que marchamos en medio de valles y desiertos, pero difícilmente la relacionamos a las temporadas en que nos gozamos de las frescas brisas que se perciben en las cumbres y en los montes elevados. Sin embargo, es interesante vislumbrar que nuestros corazones son probados tanto en la abundancia como en la escasez, tanto en los tiempos de bonanza como de tempestad. Dale a un hombre poder y dinero y saldrá a la luz su verdadera personalidad. O despójale de todo lo que tiene y verás si reniega de la vida o si aun mantiene su confianza en Dios. Empero, estoy convencido que en este día les estoy hablando a aquellos que soportan las tribulaciones estoicamente, se mantienen firmes en medio de las batallas y, si han caído, se levantarán con nuevas fuerzas y su fe puesta en el Señor.
El aprender a vivir en ambos extremos, en la escasez y en la abundancia, es reflejo de un carácter forjado, de madurez espiritual y sobre todo de una fe en Dios y en sus promesas. En su momento el apóstol Pablo pudo afirmar: «… he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» (a)
Estimados, las pruebas son un recurso del que el Señor se vale para corroborar la autenticidad de nuestros corazones y la genuinidad de nuestra fe. Es necesario que nuestra fe sea sometida a prueba y sea hallada aprobada. Es menester que sea pasada por el fuego para que sea limpiada de toda escoria y sea perfeccionada.
Nuestra actitud ante las pruebas habla de nuestro carácter y personalidad, pero sobre todo refleja nuestra manera de pensar y lo que realmente creemos. Y esa actitud influirá directamente en la duración de nuestro proceso y en su desenlace final.
El pueblo de Israel vagó 40 años por el desierto, a causa de su incredulidad y murmuraciones, antes de llegar a la tierra prometida. Un trayecto que, en condiciones normales, solo debía tomarles unos días o semanas. De nuestro lado, no ha de ser así. Armémonos de fe y valor y atravesemos este valle con buena actitud, recordando que al final del valle se encuentran los montes.
Solo Cuídate de no olvidarte del Señor tu Dios«… que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal; que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien…»
Deuteronomio 8:15-16
Conociendo más a Nuestro Dios

Como se dijo en la introducción, el Señor también utiliza nuestros periodos de tribulaciones y desiertos, para mostrarnos su gloria en otra dimensión y revelarnos otro aspecto de su deidad. Es decir las pruebas se traducen en tremendas oportunidades para ver su mano poderosa actuando y, así, podremos comprender aun más la magnitud de su gracia y misericordia.
Para hablar de este tópico, me gustaría traer a colación el ejemplo de Marta y María, las hermanas de Lázaro. Ellas conocían a Jesús como sanador y no dudaban en su poder para restaurar a los enfermos. No obstante, no fue hasta que experimentaron el doloroso desierto de la muerte de su hermano, que pudieron conocerlo como la Resurrección y la Vida.
Jesús permitió esta situación de muerte para que todos sus discípulos y seguidores pudieran entender y saber que Él es la Resurrección y la Vida. Si Cristo hubiese llegado antes de que Lázaro muriera, se hubiera manifestado otro milagro de sanación, pero el pueblo no habría conocido otro aspecto de Su persona.
Muchas veces queremos que Dios actúe en nuestras vidas como lo ha hecho en un pasado. Pero Dios necesita que crezcamos y avancemos, por ende; cada prueba y cada situación es diferente, y en cada una de ellas nos ayudarán a conocerle más y más.
En los tiempos de necesidad y de carencia es cuando podemos conocerlo como Jehová Jireh, como ese Dios proveedor, que aun se proveyó a sí mismo de un cordero para el rescate de todos nosotros.
En nuestros momentos de guerras y batallas lo podemos conocer como nuestro Jehová Nissi y Jehová Sabaot, como nuestro estandarte y aquél que pelea por nosotros. Nuestro Jehová de los ejércitos.
En los momentos de enfermedad podemos conocerlo como Jehová Rapha, nuestro Sanador. Aquél que sana nuestras dolencias, limpia nuestras llaga y nos libra de las aguas enfermizas de la amargura.
En nuestros tiempos de ausencia y soledad, cuando pensamos que estamos solos y que nadie nos nota, lo podríamos conocer como nuestro Jehová El-Roi. El Dios que me ve y piensa en mí.
Y, en todo tiempo y momento, podemos conocerlo como el Dios de nuestra Salvación, en la persona de Jesús, nuestro Señor y Salvador.
Estimados, todos tenemos y tendremos nuestras temporadas de cumbres y valles. Pero también tenemos un Dios y Padre maravilloso, que es Dios tanto en las unas como en las otras (a). Por ende, les invito a que nos acobijemos y reposemos seguros bajo sus alas, ya que Él nos guardará en el valle de sombra de muerte. Podemos confiar plenamente en este Dios, Fiel y Verdadero, que no solo está presente en cada estación de nuestras vidas, sino que también prometió que estará con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo (b), y nos guiará aun más allá de la muerte (d).
Amados, ahora les invito a que internalicemos y nos apropiemos de estas verdades, ya que solo de esta manera, podremos tener gozo cuando nos hallemos en diversas pruebas, tal como lo afirmó el apóstol Santiago.
Es mi oración que el gozo del Señor nos fortalezca y podamos danzar, con toda confianza, en cada temporada.
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Notas: (a) Filipenses 4:11-13, (b) 1 Reyes 20:28 , (c) Mateo 28:20, (d) Salmos 48:14.
Foto de la entrada (imagen destacada): Photo by manu mangalassery on Pexels.com
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