Para muchos, en nuestra cultura occidental, las fiestas de fin de año se han constituido en tremendas oportunidades para compartir en familia. En momentos cargados de emoción en los que abundan los besos, no escasean los abrazos y las lágrimas de alegría se entremezclan con las de nostalgia y añoro. Ha sido el tiempo ideal para expresar los mejores deseos, de paz y prosperidad, para una nueva temporada. Sin embargo, hemos de reconocer que esta no ha sido la realidad de un sin número de personas para quienes estas fechas le han significado, hasta ahora, tiempos de disensión, soledad y tristeza.

Pero, sea cual sea tu situación actual y las expectativas que tengas para este nuevo año, quisiera recordarte que hay Uno que te ama con amor eterno y tiene los mejores planes para ti y los tuyos. Uno que te ve, cuando nadie lo hace, y permanece a tu lado, aun cuando todos se van. Te estoy hablando, nada más y nada menos, que de nuestro Padre Celestial.

“Porque yo sé los planes que tengo para vosotros» —declara el Señor— «planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza.»

Jeremías 29:11

Para algunos, la existencia de un Dios y Padre podría resultar una idea inverosímil, debido a las duras y difíciles experiencias que han atravesado a lo largo de sus vidas. Para otros, el conocimiento de Dios solo ha sido referencial, basado en lo que han recibido por medio de las religiones y las tradiciones de sus antepasados. Mas, el deseo y la voluntad de nuestro Dios y Padre es que le conozcamos de una manera íntima y personal, y que le podamos identificar como nuestro Abba Padre, nuestro Papito amado. Ese Papá que nos cuida y guarda en todo tiempo, que nos levanta y sana cuando caemos, que nos guía y enseña en el camino, pero que también nos reprende y disciplina, cuando el caso lo amerita.

Ahora bien, el deseo de todo buen padre, aun siendo humano e imperfecto, es que a sus hijos les vaya bien y tengan salud. Él desea suplir todas sus necesidades y protegerles contra todas las acechanzas. Y, si esto se cumple con nuestros padres terrenales, cuánto más lo hará con nuestro Padre Celestial, el cual es Bueno y Perfecto.

Jesús dijo: «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?»

Mateo 7:11

Los planes que nuestro Padre Celestial tiene para con nosotros, son mayores y mejores que los que hemos concebido y establecido para nosotros mismos. Él quiere que habitemos seguros bajo su abrigo y reposemos, apaciblemente, bajo su sombra (a).

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La Verdadera Prosperidad

En la tercera carta de Juan encontramos una declaración muy alentadora que, a mi entender, refleja parte del propósito de Dios para con los hombres. Allí enuncia:

«Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma»

3 Juan 2

De esta sentencia podemos extraer dos ideas bien interesantes:

La Primera: El Señor desea que seamos prosperados en todas las cosas, y cuando dice todas las cosas, se refiere a toooodas. Y, para que esto sea una realidad, es necesario que le reconozcamos en todos los ámbitos de nuestras vidas. En nuestras familias, en nuestros negocios, en nuestros trabajos, en nuestros estudios y, en fin, en todo aquello que hagamos y emprendamos. Por ende, el libro de Proverbios enuncia enfáticamente: «Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento.  Reconócele en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas» (b).

La Segunda: El éxito y la prosperidad del hombre son directamente proporcionales al progreso en su vida espiritual. Es decir, si tu alma prospera, tu vida también lo hará. Si tu alma no prospera, aunque tengas cuantiosos bienes materiales, no podrás disfrutar de las riquezas espirituales que Dios ha deparado para los que le aman. «Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (c).

La verdadera prosperidad trasciende al éxito económico y al reconocimiento humano. Porque se podría tener muchas riquezas y ser un individuo muy desdichado. Se podría ostentar un importante cargo, dentro de una organización, y no ser una persona exitosa ante los ojos de Dios. Se podría tener muchas posesiones y no disfrutar de ellas.

«Hay un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres: El del hombre a quien Dios da riquezas y bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero Dios no le da facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad, y mal doloroso».

Eclesiastés 6:1-2

A continuación, les citaré unos cuantos versos que nos llevarán a meditar en lo que significa la verdadera prosperidad:

  • «La bendición del Señor es la que enriquece, y Él no añade tristeza con ella». Proverbios 10:22
  • «Mejor es un plato de Legumbres donde hay amor que banquete donde hay odio». Proverbios 15:17
  • «Mejor es una mano llena con paz que ambas manos llenas con trabajo y aflicción de Espíritu». Eclesiastés 4:6.« 
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Estimados, no es mi interés el subestimar la importancia del trabajo honesto y del esfuerzo. Mucho menos minimizar lo vital que resulta para todos el contar con el necesario cobijo y sustento. El Señor mismo conoce cuales son nuestras necesidades antes de que se las pidamos. Sin embargo, Él nos hace hincapié en que busquemos “primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os (nos) serán añadidas” (d).

Tal vez, en un pasado, hemos errado estableciendo nuestras prioridades y nos hemos enrolado en una carrera desenfrenada para acumular aquello que no podremos retener, en vez de correr por aquello que no podemos perder. Dios nos invita, en este día, a poner en orden nuestras prioridades y a vivir bajo sus principios. Y, tal como enuncian Las Escrituras:

«Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos…» que «vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.»

Deuteronomio 28:1-6

Mis amigos, el camino hacia el verdadero éxito no es necesariamente el que se vislumbra como el más atractivo o con menos obstáculos, sino el que muchas veces se presenta como el más escabroso, pero también como el que trae los mayores galardones. El hecho de ser prosperados no significa que no vayamos a atravesar pruebas y momentos de tormentas, pero sí quiere decir que Dios estará con nosotros donde quiera que vayamos y, por lo tanto, no estaremos solos. Que, aunque el enemigo se levante contra nosotros, no temerá nuestro corazón porque el Señor será nuestra fortaleza y nuestro gozo.

Para finalizar, quisiera extenderles un gran y caluroso abrazo, deseándoles las mayores bendiciones para este nuevo año. Aprovecho también la oportunidad para agradecerles, de todo corazón, por la buena acogida y el seguimiento que le han dado a estos sencillos mensajes.

“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.  Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”.

Josué 1:7-9

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Notas bíblicas: (a) Salmos 91: 1-2, (b) Proverbios 3:5-6, (c) Mateo 16:26, (d) Mateo 6:33

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