En los últimos días he estado platicando con varios amigos, hermanos y familiares, acerca de las cualidades necesarias para alcanzar las metas y concretar los proyectos que nos hemos trazado para este nuevo año. En medio de estas conversaciones han salido a flote palabras como propósito, fe, paciencia, diligencia, constancia y determinación. Todas estas virtudes, entre otras, son las que delinean el carácter de un vencedor. Sin embargo, en este artículo quisiera resaltar dos rasgos que considero esenciales para alcanzar las promesas y cumplir con nuestro propósito de vida. Estos son la fe y la paciencia.

Seamos «… imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas».

Hebreos 6:12

Ahora bien, debido a la naturaleza de este Blog no quiero extenderme en la descripción de estos dos términos. No obstante, para evitar ambigüedades y debido a las múltiples acepciones de estas palabras, tomaré algunas líneas para hablar de ellas, describiéndolas de manera práctica y sencilla.

la fe es descrita en las Escrituras como “…la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (a). En ese sentido, entendemos que la fe no tiene nada que ver con el azar ni con las esperanzas huecas. Ella trasciende a los pensamientos positivos y a las frases infundadas. Hablar de fe es hablar de seguridad, fundamento, convicción y conocimiento. Conocimiento de Dios, de su Palabra y de sus promesas. No nos referimos al conocimiento adquirido por medio de las tradiciones y vivencias ajenas, sino a aquel que se obtiene a través la experiencia personal y el contacto de primera mano.

Por su lado, la paciencia nos habla de resistencia, constancia, perseverancia y entereza, a pesar de las dificultades. La paciencia no consiste en una simple resignación a las circunstancias actuales, ni en un mero soportar, por soportar. Ella es la cualidad que nos ayuda a permanecer firmes y constantes en medio de las fuertes tormentas y las aguas impetuosas, sabiendo que después de ellas vendrá una gran bonanza y nos espera un gran galardón. Todo esto, fundamentados en las fieles promesas de un Dios verdadero y estando persuadidos, por medio de la fe, de que Él está al control.

La paciencia: “Es la cualidad que mantiene a un hombre firme contra los elementos. Es la virtud que puede transmutar en gloria a la desgracia más grande, porque, más allá del dolor, ve la meta”

Willian Barclay(1)

Ambas virtudes, la fe y la paciencia, guardan una estrecha relación y son fruto del Espíritu Santo que Dios ha hecho morar en los corazones de los que le creen.

En la carta de Santiago se afirma que la prueba de la fe produce paciencia (b). Siendo así, son esas temporadas de lucha las que nos llevan a activar nuestra fe y a poner en práctica el conocimiento que hemos adquirido a través de la Palabra de Dios. Los momentos difíciles y los periodos de pruebas, se traducen en tremendas oportunidades para añadir paciencia a nuestras vidas, aunque de momento no lo comprendamos.

Hay mucho que decir con respecto a estos dos vocablos, pero por ahora les pido que mantengan en mente las dos definiciones que acabamos de explanar.

Rostro de Piedra

Como siempre, Jesús se nos presenta como ese gran Maestro quien nos muestra, a través de su ejemplo de vida, lo que significa la fe, la paciencia y la determinación. La Palabra nos enseña que “…cuando se cumplían los días de su ascensión, Él, con determinación, afirmó su rostro para ir a Jerusalén(c). El Señor sabía que en aquella ciudad sería entregado, maltratado, afrentado, escupido; y que después de azotarle, le matarían, y que al tercer día, resucitaría (d).

A pesar de la intensa aflicción que le aguardaba, Jesús marchó con determinación a Jerusalén porque tenía un propósito claro en su corazón y una misión que cumplir. Él no ignoraba el dolor y oprobio que esto le significaría, pero también sabía que, después de todas estas dolencias, vendrían tiempos de gran gozo, alegría, liberación y salvación.

“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho, por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos”.

Isaías 53:11

El libro de Isaías esboza otra hermosísima profecía acerca del mesías, unos 700 años antes de su nacimiento. Allí dice: “El Señor Dios me ha abierto el oído; y no fui desobediente, ni me volví atrás. Di mis espaldas a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y esputos.  El Señor Dios me ayuda, por eso no soy humillado, por eso como pedernal he puesto mi rostro, y sé que no seré avergonzado” Isaías 50:5-7.

Estas cortas palabras ponen en manifiesto la firmeza del carácter del Señor y su determinación. Él fue llevado como cordero al matadero y no abrió su boca, no se defendió ni dio marcha atrás, porque más allá del profundo dolor, veía el cumplimiento de la voluntad de Dios y la salvación de mucho pueblo.

Jesús puso su rostro firme como una piedra y pasó por alto el oprobio y humillación, sufriendo la muerte más escarnecedora, por amor a ti y a mí. Y fue allí, en la cruz del calvario, donde Él completó su obra redentora y pudo exclamar: “Consumado es”. El justo murió por los injustos, y a través de su muerte nos redimió de todos nuestros pecados.  

¿Y qué hay de ti?

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Tanto en las Escrituras como fuera de ellas, vemos el ejemplo de innumerables hombres y mujeres quienes dieron, o estuvieron dispuestos a darlo todo, incluso hasta sus propias vidas, por la convicción y la fe que había en sus corazones. Pero ahora es nuestro turno de seguir escribiendo en el libro de la historia de los hombres y mujeres de fe.

 Tal vez, no estamos siendo perseguidos ni corremos peligro de muerte a causa de nuestros sueños, pero si hemos visto como se han levantado tormentas que han pretendido truncar nuestro propósito de vida y alejarnos de la visión que Dios ha sembrado en nuestros corazones. Si tenemos una visión de parte de Dios, no hay montaña alta ni río impetuoso que pueda impedir su cumplimiento. Nadie ha dicho que sería fácil, ni que no habría batallas, pero mientras más grande sean las batallas, mayores serán las victorias.

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…Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará”.

Habacuc 2:2-3

El Señor nos insta a que fijemos nuestros ojos en Jesús, ya que es su ejemplo el que nos fortalece, nos impulsa y nos anima a luchar y a sobreponernos ante todas las adversidades, impidiendo que desmayemos y nos rindamos.

El autor de la carta a los Hebreos nos invita a que «corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios. Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón« (e).

Jesús soportó la cruz porque tenía un gran gozo delante de sí. Por nuestro lado, sabemos que tenemos promesas de parte de Dios, tanto para esta vida como para la venidera. El galardón que está reservado para nosotros es grande. Corramos con paciencia esta carrera y aguardemos con ansias la corona de vida.

Luchemos por nuestros sueños, por aquellos que el Señor ha colocado en nuestros corazones. Tal vez no seamos los más guapos, ni los más dotados intelectualmente, pero nadie nos puede quitar el hecho de que seamos los más esforzados, decididos y perseverantes. Solo esforcémonos y seamos valientes para creer a la Palabra del Señor y ponerla por obra. El Señor es quien nos hace competentes y de Él provienen nuestras fuerzas.

Para finalizar, en este día les invito a que nos planteemos un primer objetivo para este nuevo año, y que este sea el de conocer íntimamente a aquel que nos creó con propósito y nos ha amado con amor eterno. No seremos defraudados.

«No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa».

Hebreos 10:35,36

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Notas bíblicas: (a) Hebreos 11:1, (b) Santiago 1:3, (c) Lucas 9:51, (d) Lucas 18:32,33, (e)Hebreos12:1-3

Citas: (1) Barclay, William Palabras Griegas Del Nuevo Testamento. (1991). Barcelona: CLIE.

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